Reseña Bibliográfica “Guía Terminológica de la Geocriología Sudamericana”

La necesidad de tender lazos para establecer puentes a favor de la buena comunicación es una cosa que no escapa al raciocinio de nadie. Del mismo modo, todos entendemos su dificultad intrínseca dentro del quehacer diario que nos exige trabajar, pensar y vivir diariamente inmersos en distintas culturas, idiosincrasias y distintos idiomas. La conexión que se ha de dar en la Ciencia entre los múltiples agentes implicados y entre los propios hacedores de esa Ciencia siempre ha de contar con diversas reglas de juego. Con directrices maestras consensuadas. Una de las más importantes sin duda alguna es el entendimiento idiomático. Evita ello errores y malentendidos de base que son primordiales a la hora de llevar a cabo cualquier tipo de acto comunicativo. En este caso, el de la Ciencia. Y que en caso contrario, la letanía en su subsanación, a modo de torre de Babel, puede llevar a un incremento progresivo de quebraderos de cabeza terminológicos que desemboquen en confusiones epistemológicas mayores posteriores.

Es por esto que la elaboración de guías terminológicas como la que desde aquí tomamos como reseña: la Guía Terminológica de la Geocriología Sudamericana (Terminological Guide of the South American Geocryology), se yergue como publicación ineludible de especial relevancia, al menos y cuánto menos, a modo de consulta base para el establecimiento de esos puentes necesarios que se han de formalizar para una correcta fluidez de la Ciencia Geocriológica, como es el caso.

Sus autores, con dilatada y sobrada experiencia en susodicho campo de estudio, Dario Trombotto, Pablo Wainstein y Lukas Arenson, demuestran con la elaboración de esta guía no solo su buen hacer si no también ese sentir de nexos de unión lingüísticos necesarios. Fechada en 2014, en esta versátil guía terminológica se encuentra uno con una profusa exposición de términos criológicos relacionados con el periglaciarismo que va más allá de una mera recopilación. No sólo se acompaña, ordenadamente, de la definición de todos los términos, más o menos frecuentes, vinculados con el fenómeno, junto con sus referencias bibliográficas oportunas; sino que además se acompaña de demostrativas fotografías y figuras explicativas como apéndice final, sumándose a ello formulaciones, insertas en el texto, de aquellos índices más habituales de los empleados en dicho campo científico. Los autores añaden, bajo estos mismos patrones, diversas referencias a aquellos términos generales del glaciarismo más cercanos o con mayor relación con el campo periglaciar.
Si bien es cierto que la idea de guías terminológicas no es un hecho novedoso, varios de los pilares fuertes de la que se presenta en esta ocasión son por una parte la actualización del fenómeno en base a la recopilación de los vocablos y por otra el ajuste, necesario, de la realidad actual de la disciplina a la realidad andina. Siempre teniendo de referencia el glosario de todos ellos desde el punto de vista angloparlante, como hecho en común para las dos realidades geográficas. Para las dos realidades idiomáticas. De tal modo, que tras la nomenclatura y definición en español, se expresa seguidamente su correspondencia en inglés. Una de las dificultades, y por tanto punto fuerte de la guía, reside precisamente en este último aspecto mencionado. Los desacuerdos, derivados muchas veces de fronteras demasiado sutiles e ínfimas entre la distinta fenomenología que se dan entre científicos para designar con el mismo denominativo, la misma definición, del mismo proceso, morfología o concepto, intentan ser resueltos con guías terminológicas como la presente. No es tarea fácil dejar por escrito tales desavenencias epistemológicas, y menos conjugando las barreras idiomáticas entre el inglés y el español, como es el caso. Y más aun si a ello se le añaden los localismos andinos.
Son ciento setenta términos recopilados con los que los autores tratan de sentar bases de referencia de consulta, de manual, para el futuro. Su fácil manejo, alejado de extensas y en ocasiones demasiado profusas «terminotecas» agrupadas en un solo libro, también ayuda a su ágil consulta. Siendo un factor a destacar en la presente publicación. Su fácil lectura, y fácil búsqueda y contrastación de términos es un elemento clave en guías como esta versada en la terminología sudamericana. Concisa y directa son dos de los epítetos que se pueden emplear para describir la presente publicación. Con un lenguaje claro dirigido, como los mismos autores expresan, a su entendimiento por parte de especialistas, profesionales y aficionados. Pero ello no es óbice para dejar de lado la introducción, sucinta pero importante, de controversias en la definición de algunos de los vocablos más relevantes en los estudios criológicos. De tal manera, los autores dejan por escrito a modo de ejemplo algunas de ellas como las concernientes a las distintas definiciones que se pueden plantear de lo que se concibe como un ambiente periglaciar con o sin permafrost dependiendo de las concepciones epistemológicas más frecuentes en la América andina o en el hemisferio norte. O aquellas referidas a los distintos pareceres en la explicación del origen y desarrollo de los protalus rampart.

En la guía el rango de profusión terminológica se recoge desde la definición de múltiples procesos clave en la caracterización del periglaciarismo, hasta conceptos fundamentales, yendo desde los más generales, como la definición la criosfera, hasta los de mayor detalle, a escala milimétrica, como son los pipkrakes, nubbins, gaps o lumpins. Los localismos añaden el acercamiento necesario a la realidad andina que los autores tienen entre sus haberes. Así no es difícil encontrarse con las definiciones de manchones de nieve para los ne-veros permanentes, las narices para los frentes de los glaciares rocosos, morena para lo que aquí conocemos como morrena, los glaciares de escombros para lo que nosotros denominamos glaciares rocosos, o incluso, y afinando aún más el grado de lenguaje local, los nominativos de cwm para referirse a los valles glaciares patagónicos en los que se pueden encontrar mallins, vegas o cors. Tres términos estos últimos para referirse a sus turberas. Los autores manifiestan de igual modo la concepción de lo que consideran el ambiente periglaciar dentro de su terminología andina.

Del mismo modo, y al margen de conocer o no estas idiosincrasias regionales o locales, tener este tipo de guías a mano siempre es bueno para refrescar conocimientos adquiridos y que la memoria a veces se empeña en desvirtuar. Funcionan a modo de manual, proporcionando esas mismas raíces, que a veces perdemos y modificamos palabra a palabra a pesar de su uso frecuente y habitual en el quehacer diario, y que nos ayudan a no desviarnos de parámetros científicos previos ya establecidos. Es buena la consulta y reconsulta de publicaciones como ésta para siempre ajustarse con la máxima concisión a los términos exactos, e incluso en aquellos casos en que su definición pueda parecer una obviedad repetida para aquellos especialistas. Y por supuesto con estas publicaciones, siempre se aprenden nuevas terminologías o terminologías que en el idioma propio han caído en desuso como pueden ser para el caso los términos de criómero, suelos crióticos, acuiclusa, eisrinde, etc.

En suma, publicaciones como la que referida en el presente escrito son siempre publicaciones a ser tenidas en cuenta, cercanas a uno y presentes, tratándose además de una oportunidad única, proporcionando, al menos en parte, y a través de una rápida y fácil búsqueda, esos rigurosos puentes de unión lingüísticos necesarios para seguir haciendo Ciencia. Para seguir avanzando. Al menos, así lo expresan magistralmente los autores que a pesar de lo que se manifiesta en su introducción: «proveer a la comunidad sudamericana de una descripción de términos perglaciares y glaciarios»; su alcance trasgrede más allá de la citada comunidad. O así lo entiende el suscriptor de la presente reseña.

Por Manuel Gómez Lende. Grupo de Investigación PANGEA. Universidad de Valladolid.

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